Apesian
Comunidad y ciclismo
Enfrentar un médano o transitar por la orilla del mar exige mucho más que fuerza física. El ciclismo de montaña en superficies blandas como la arena requiere una técnica refinada que suele desconcertar a los ciclistas que no están acostumbrados a este relieve. No se trata simplemente de empujar los pedales con más energía, sino de entender la física del terreno y adaptar tu bicicleta para evitar que la rueda delantera se entierre y frene el avance por completo.
Presión y tracción en terrenos blandos
La clave principal para no quedar varado reside en la superficie de contacto del neumático. Si usás cubiertas infladas a alta presión, estás destinado a enterrarte a los pocos metros de iniciar el recorrido. Los especialistas recomiendan el uso de sistemas tubeless que permiten bajar la presión a niveles mínimos, a veces por debajo de los 15 PSI, dependiendo siempre de tu peso corporal. Esto deforma la cubierta y distribuye la carga de manera uniforme, mejorando sustancialmente la flotabilidad sobre la superficie suelta. Si tenés una bicicleta de neumáticos anchos tipo fatbike la tarea es más sencilla, pero con una mountain bike convencional de rodado ancho podés lograr un rendimiento excelente si hacés este ajuste previo.
Una vez que la presión es la adecuada, tu técnica de pedaleo debe cambiar por completo. Llevá una marcha que te permita mantener una cadencia constante y redonda, sentándote un poco más atrás de lo habitual en el sillín para transferir el peso del cuerpo hacia la rueda trasera. Al alivianar la horquilla delantera, evitás que la dirección se clave ante cualquier acumulación de arena. Si sentís que la bicicleta pierde velocidad, la solución nunca es pararse sobre los pedales, ya que eso rompería la tracción y causaría el patinamiento de la rueda trasera; la clave está en conservar el equilibrio y dejar que la inercia haga su trabajo en los sectores más densos.
Por último, el mantenimiento posterior es un paso innegociable para conservar el equipamiento en condiciones óptimas. La combinación de arena y salitre es altamente abrasiva para la transmisión y las barras de la suspensión. Después de cada salida por la costa, tenés que limpiar a fondo la cadena, los piñones y los discos de freno con agua dulce a baja presión, secarlos minuciosamente y aplicar un lubricante adecuado para evitar el desgaste prematuro de los componentes.


